viernes, 16 de octubre de 2015

Teatro Luchana Y Dinosaurios

Hay escenas maravillosas que sólo veo en las películas. El fin de semana pasado una se hizo realidad. Mi suegra decidió hacer una fiesta de pijamas en su casa con sus nietos.
Fernando y yo nos miramos emocionados, casi con lágrimas en los ojos y conteniendo el impulso de saltar. Por primera vez en 7 años salimos dos fines de semana seguidos sin niños. Uaaauu!

Nos acercamos a Luchana. Sabíamos que habían transformado los antiguos cines en salas de teatro y queríamos cotillear. Llegamos con tiempo de sobra para elegir qué ver, comprar la entrada e irnos a cenar.
Es una pena que los cines no sean rentables, pero en este caso, la alternativa es muy atractiva. En vez de vender el local a una tienda de ropa han creado un negocio para disfrutar del teatro desde 12 € la entrada. Además de un bar de picoteo, centro para eventos y creo que escuela de interpretación. 
Esperemos que funcione. https://entradas.teatrosluchana.es/

LA CENA: al ladito, en la calle Trafalgar está NAGOYA, mi japonés preferido. Cuando vivíamos en Malasaña íbamos mucho y queríamos recodar buenos tiempos. Da igual lo que pidas. Todo está buenísimo. Mi sueño  imposible es tener una fuente infinita de Maki, Sushi y Sashimi… y no tener que conformarme  con 12 unidades… el precio tan bueno como la comida. http://www.nagoya.es/

EL ESPECTÁCULO: escogimos un monólogo, “Superman también se toca” de Manuel Burque. No sé si está recomendado para todos los públicos, es trepidante, escatológico, sexual y casi obsceno pero muy divertido. Te ruboriza y hace reír a carcajadas. El escenario es muy pequeño. A veces da la sensación de estar con un grupo de amigos. Se pasa un rato genial.
Tuve la suerte de “sorprender” a Manuel, me dio unas bragas para que se las tirara al escenario cuando el público le aplaudiera. Dijo que no me preocupara, que estaban limpias. Mi reacción fue automática, le puse las bragas en la cara a mi santo marido para que lo comprobara… ji, ji … muchas risas.
Un plan para repetir, lo del teatro digo… lo de las bragas ya veremos.

Y llegó el domingo. Y llegó la suegra con sus nietos a comer a casa. Todo bien, muy bien pero no dijo nada de repetir ¿?. Por la tarde fuimos a DINO EXPO XXL http://www.dinosaurios-expo.es/ está cerca del Palacio de Hielo y lo venden como un plan imprescindible para niños. Estaba deseando ir porque a mis nenes les encantan estos bichos. Creo que queda poco para que lo quiten y menos mal.
El primer error: no venden las entradas por internet. La cola es de al menos 20 minutos con un montón de chiquillos impacientes.
El 2º error: el precio, 6 €/niño y 8/adulto. Para lo que hay que ver le sobran 4 € a cada entrada.
Tercer error, al entrar en la antesala te gasean con ambientador de palomitas para que compres chuches a los niños… ¿en un museo? Si, también. Creo que le llaman marketing sensorial pero mal utilizado claro.

4º error, la exposición en sí. Demasiado oscura, demasiada gente, una peli excesivamente sangrienta, y los 2.000 m se recorren en 10 minutos.
Cuando tus nenes te dicen: mami ¿nos vamos ya a casa? Bufff sabes lo que pasa.


Si tienes pensado ir, mejor déjalo. Ve al cine o al teatro. En el Luchana también hay obras para niños ;-)

sábado, 10 de octubre de 2015

Corta Cabeza Y Gumbo


No sé por qué, pero en esta fase de crianza lo que más me cuesta es encontrar tiempo para ir a la peluquería. Voy cuando no queda más remedio, cuando el pelo está tan largo que ya sólo te ves bien con la coleta.

El sábado pasado le comenté a Fernando mi intención de escaparme, sabía que tendría que trabajar y teníamos que organizarnos. Su respuesta fue una propuesta imposible de rechazar: - tengo que ir a ver un cliente a final de la tarde, una peluquería llamada “Corta Cabeza”, que te corten el pelo y después cenamos al lado, en GUMBO, que dicen que está muy bien”

Agarré con desconfianza a mi taza de café:
         - ¿se te acaba de ocurrir o ya estaba planificado?
        - Es que hace mucho que no salimos…

Y creo que en casos como éste, una tiene que convertirse en madre flexible y esposa dócil (exclusivamente en este caso ¿eh?).
  •          Lo primero que hice fue buscar en Internet Corta Cabeza, con ese nombre me quedé un tanto inquieta. Por la web vi que era uno de estos sitios nuevos, muy modernos, donde te ofrecen un café o refresco nada más entrar, todo muy VIP. En fin…todo por mi chico. (http://cortacabeza.com/#!/home)
  •          Lo segundo fue cotillear el restaurante para saber si iba en vaqueros o no. (http://www.gumbo.es/)

A media tarde nos sumergimos en el centro de Madrid, aunque viva aquí no deja de sorprenderme la multitud de gente, coches y vida en ebullición. Me encanta y lo disfruto.


Entré en Corta Cabeza con bastante timidez. El local es impresionante. Rechacé el café y me senté en un maravilloso Chester de piel verde para leer. La espera duró poco. El chico que iba a atenderme vino a conocerme (a conocer mi pelo), estuvimos hablando de lo que quería. Ya sé que es muy básico pero creo que es la primera vez que miran mi pelo antes de lavarlo.
Vale que el lugar es muy chulo y es muy agradable que te atiendan bien, pero al final lo que diferencia de verdad a esta peluquería del resto es el nivel de profesionalidad de sus peluqueros. Me sorprendió el nivel de mimo, de concentración y de entusiasmo que empleó para un corte de pelo tan tradicional como mis capas largas. No sé cómo se comportará cuando le pidan algo más original o creativo! Nos reímos de mis rizos y casi diría que se divirtió con ellos.

Es la primera vez que salgo de una peluquería queriendo volver a entrar.

Después entramos en GUMBO, justo el local de al lado. Imposible no ser puntual. Me dio tiempo a verlo con pocos clientes aunque se llenó a los pocos minutos. Parece que está muy de moda. El local no vale gran cosa. La decoración es muy sencilla y las mesas están demasiado juntas. Tanto que acabamos hablando con los chicos de la mesa vecina. La luz se apagó en dos o tres ocasiones en una de ellas cantaron el cumpleaños feliz, supongo que el consumo de alcohol durante la cena ayudó a entonar.
Pero lo importante, y por lo que creo que tiene éxito es por la comida. Es un restaurante de Nueva Orleans: cocina europea (yo diría que sobre todo francesa) mezclada con sabores africanos y notas de Jazz.
Cenamos: tomates verdes fritos con salsa remoulade y gambas (muy rico), flan de ajo con tomate asado (riquisisisisisimo), bonito ennegrecido con especias a la plancha fuerte (rico) y de postre tarta de manzana con bourbon (se pasaron con el bourbon).
Mereció la pena y es un lugar recomendable si te gusta disfrutar de la comida por un precio moderado (50-60 €). Eso sí, para ir en vaqueros!


No hay nada como los planes que se hacen con el café de un sábado por la mañana. 





jueves, 1 de octubre de 2015

Excusas Para No Ir Al Cole

Este año hemos empezado el cole fenomenal. ¡Qué alivio! Estaba un poco preocupada y os cuento por qué.
A dos meses de terminar el curso pasado, mi pequeño Alberto (4 años) no quería ir al colegio. Cada mañana se levantaba de mal humor: “Mamá, tengo un ojo mareado. Los besos no lo curan. Ayer cogió frío en el patio y hoy está muy mareado”.

Y cada día inventaba una nueva excusa: “Tengo que construir un castillo y voy a tardar todo el día” o “Me duele un pie”, o  “Valentina no quiere jugar conmigo y si no me quiere no vuelvo al cole”.

Al principio creí que era sólo cansancio y que necesitaba unas vacaciones, pero cuando se resignaba y veía que no le quedaba más remedio que ir, se transformaba en el torbellino de siempre: - “Mami, me ha regañado papá. Voy a estar en mi cuarto todo el día… para pensar”. “No quiero ir al cole… siempre me dan judías verdes para comer”.

“Hoy mejor vuelvo a la cama y duermo hasta mañana!!!”

Un día de mimos o de bajón lo tiene cualquiera, incluso los niños, pero cuando las excusas son diarias esconden un problema,

     - Alberto, ¿por qué no quieres ir al cole?
     - Me duele la tripa. No puedo salir a la calle porque el frío le va mal a mi tripita.

Cuando preguntas a tu hijo casi nunca te contesta de forma directa, mucho menos te dice lo que quieres saber y encima la respuesta nunca llega el mismo día.
Disimulé mi preocupación, me armé de paciencia y me puse a investigar. Hablé con la profe para saber cómo le veía en clase y con las cuidadoras del patio por si tenía problemas en el recreo. Pero nada.

Durante varios días, decidí ir a buscarlo con 10 minutos de antelación para unirme al corrillo de madres que esperan impacientes a sus retoños; ésta es una fuente imprescindible de información. Para mi sorpresa ellas también estaban inquietas. La profe estaba embarazada y a punto de darse de baja (ahora ya es una mamá feliz), y la cuidadora (ayudante) había tenido un pequeño accidente. Ninguna tenía sustituta fija y el cambio continuo de maestras tenía alterado a niños y mamis.
Hablé con Alberto y le pregunté si le preocupaba tantos cambios en clase, al principio no dijo nada, pero al segundo día y por un enfado que no tenía nada que ver estalló.

Volvíamos a casa en el coche, algo no le gustó en la radio y se puso a llorar. A llorar mucho y con un llanto diferente. Nico me miraba nervioso, Alber no contestaba a nada y paré el coche. Todo salió de golpe. “No quiero que vuelvas a cambiarme de cole, no quiero amigos nuevos ni nuevo nadaaaaaa….”
Y con razón lloraba, estuvo en la Escuela Infantil, después por temas burocráticos en un cole inglés y al siguiente curso en el francés, ya el definitivo. Tres lugares e idiomas diferentes en 4 años de vida.
Por supuesto le prometimos que le quedan muchos años en el mismo centro, y entre besos, caricias y atenciones volvió a serenarse.


Ahora está feliz, cuando llegamos al cole, me da un beso, Nico activa un botón imaginario en su espalda y dice: “propulsores activados” y Alberto entra corriendo sin parar y sin mirar atrás. ¡Misión cumplida!

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Ávila Medieval, Excursión con Niños

Los hijos te cambian la vida, sin embargo hay pocas cosas que eche de menos. ¿Qué es lo que más añoro? 1.- desearía dormir los fines de semana hasta media mañana y despertarme sin prisa, sin tener nada que hacer; y 2.- aquellos viajes con mi Fernando que duraban casi un mes y recorríamos paisajes y aventuras.
Ahora que hemos dejado atrás pañales y carritos, quiero compartir con mis hijos las ganar de conocer mundo, de querer saber y verlo todo, la inquietud del ir y venir.
Ya sé que son muy pequeños, 7 y casi 5 años, pero creo que es el momento de empezar con pequeñas excursiones de 1 día o de un fin de semana. Hablamos de turismo puro y duro, no sólo salidas ociosas pensadas para niños al 100%.

A la vuelta de las vacaciones surgió la primera oportunidad: Ávila. Al principio  deseché la idea, o quizá la desechó mi subconsciente, con esa facilidad que tiene de viajar al pasado y pedirme que no repita ciertas situaciones. Estuve allí 1 día de ejercicios espirituales cuando estaba en el colegio de las monjas (que sí… que fue en el siglo pasado!!!). Sólo recuerdo el jardín del convento, la inmensa muralla y decenas de novicias de ojos brillantes que contagiaban su felicidad. No volví.
Después, mi curiosidad quiso navegar por la web del ayuntamiento y me di cuenta que tenía mucho por descubrir. Cada primer fin de semana de Septiembre, Ávila vuelve a la época Medieval, todo el mundo se disfraza, incluso la ciudad.

Tardamos 1 hora y 20 minutos. La entrada por la puerta principal de la muralla es espectacular, me impresionó tanto como el Acueducto de Segovia. Acompañados por una multitud de caballeros y doncellas, monjes, titiriteros, juglares y esclavos entramos directos a perdernos entre sus calles, todas repletas de puestos y haimas que ofrecían chucherías, baratijas y comida de todo tipo y de todas partes. Pudimos conocer y tocar un águila, compramos queso y embutido (de Cáceres) y un colgante de madera recién tallado por un egipcio que sólo trabajaba con los pies,…
Descubrí que, aunque Santa Teresa fue muy importante para esta tierra, Ávila es mucho más. Y que tenemos que volver para ver más despacio los palacios, la catedral, la Casa de los Deanes, la Iglesia de Santo Tomé el viejo (hoy museo), monasterios, y mucho más.
Aviso que no es un plan para niños de menos de 5 años, casi no hay actividades para ellos y hay muchísimas personas, pero nos sirvió para realizar una actividad nueva: pasar un día entero conociendo otra ciudad. Les gustó mucho la experiencia, lo pasaron en grande mirando y caminando y se portaron muy bien.
Fue uno de esos días en los que te das cuenta que tus chicos se están haciendo muy pero que muy mayores. Más ricossss.


viernes, 21 de noviembre de 2014

Sinónimos En Una Olla A Presión

Subo al coche para ir al colegio a buscar a mis chicos, como siempre con el tiempo justo.
Oigo unos gritos y por el retrovisor veo a una pareja pidiendo auxilio y a un tercer personaje intentando pegarles.
Paro. Ella me pide que llame a la policía pero no me da tiempo. Todo va muy rápido. El agresor viene directo a por mí. Abre la puerta del coche. La cierro. La abre. La cierro y mi ventanilla empieza a bajarse. Traidora. Esto no puede estar pasando. Una mano enorme se levanta para pegarme.
Miro fijamente a unos ojos azules y vidriosos y con una tranquilidad que no sé de dónde sale susurro: “pero hombre ¿qué haces? Venga déjate de rollos y tira para adelante”. Hace una mueca de fastidio se da la vuelta y se va. Ha bebido más de la cuenta. Estos 3 personajes son del centro de discapacitados de aquí cerca.
Miro el reloj, o arranco ya o no podré aparcar a tiempo para recoger a mis churumbeles.

Por la noche le cuento a Fer mi anécdota. Decide que lo mejor es llamar al centro y que nos cuenten qué hacer con ellos en estos casos. – “Un señor retrasado y algo bebido se enfrentó a mi mujer ayer cerca de su centro…” No nos han dado ninguna pauta, pero se ofendieron mucho porque no les gusta que les llamen retrasados, se les llama discapacitados aunque ellos los llaman “usuarios”, y si vuelvo a ver una agresión en la calle que ¡NO me meta!
Genial, espero que ellos tampoco se metan en mi coche.

La profesora de Alberto envía un email a todos los padres: han encontrado caramelos en una mochila. Están prohibidos las chuches, juguetes y bufandas por razones obvias. Tenemos que registrar las mochilas antes de salir de casa.

La profesora de Nico envía un email. Los piojos han vuelto. Por favor revisar las cabezas de nuestros hijos de forma continuada. Y escribir una nota de aviso por cada piojo encontrado.

Me llama un familiar. A su pareja le han diagnosticado lombrices y eso sólo lo contagian los niños. Por favor que revise el culo de los niños.

Mientras preparo la cena hablo por teléfono con algunos clientes. Alberto aprovecha para gritar: mamaaaaa tengo cacaaaaa.

Antes de terminar el día me siento a cotillear el facebook. Una amiga comparte una noticia que cuenta el deseo de tener Escuelas Infantiles en vez de Guarderías.
No chicas, no es lo mismo, las Guarderías son lugares donde las malas madres aparcan a sus hijos y los abandonan a manos de vaya usted a saber quién, y las Escuelas Infantiles son “escuelas humanas de amor y cariño donde se crea tejido social” y rodeado de profesionales. Nosotros (entre Nico y Alberto) hemos estado en 3 Escuelas Infantiles maravillosas y siempre las llamé “La Guarde”.
Estoy cansada y no sé si la respuesta que escribo en FB es muy acertada.
Me quedo perpleja cuando alguien se queja por un sinónimo, de retrasados y de guarderías, y de paso “ningunea” el problema real.
Así que ya sabéis: tener más cuidado para no tocarle los “testículos” al prójimo en vuestra próxima carrera.

PD.: por el momento seguimos sin rastro de piojos y lombrices!


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Miedo_ Que Viene El Coco

Estamos pasando por una fase de miedos. Algunas escenas me resultan familiares y casi tiernas: “mamá mira debajo de la cama y en el armario… hay un monstruo”.
Sin embargo en otras ocasiones veo a mis nenes temblar de miedo por un ruido, un perro o la oscuridad. Lo que me alarma es la reacción en sí: un miedo desorbitado y difícil de apaciguar.

Le he consultado a una psicóloga infantil, quizá os parezca algo exagerado pero mis niños no tienen la culpa de que yo esté tan verde y perdida en algunas materias. Además la experiencia me está resultando muy positiva y estamos aprendiendo mucho.

El primer ejercicio fue muy obvio: pedir que dibujara lo que le daba tanto miedo. Tardó días en decidir qué pintar y al final lo logró. Dividió una hoja en dos: arriba el monstruo de la noche, un bicho negro de cuatro patas, abajo el monstruo de día, ¡un vampiro!  
Días después saqué este dibujo y le pedí que los ridiculizara: al de la noche lo metió en una lata de sardinas y al vampiro le dibujó como un payaso en plena navidad.
Hemos pasado de no querer mirar la hoja a reírse de ellos.

Y llegó Halloween y sus excesivas decoraciones. Si no tienes niños quizá no te des cuenta pero es complicado hacer la compra con ellos en una gran superficie y pasar a la zona de limpieza por un cementerio con muertos, momias o bichos sangrantes… ¿? Les atrae, les gusta y les da miedo. Todo en uno, como el detergente.
Pero aunque sea una americanada, de esas que nos hacen poca o ninguna gracia, lo copiamos porque si hay algo que no perdonamos en España es una juerga. Y si vas disfrazado mejor.
Y eso hicimos. Una fiesta para niños y padres que aprovechamos al máximo para implicar a nuestros peques.




Recogimos castañas del parque y las convertimos en murciélagos con un poco de témpera y papel. Con vasos de plástico y papel higiénico hicimos fantasmitas. Con bolas de poliespan y más tempera las arañas. Muchas telarañas algunas de algodón, otras de bolsas de basura y otras de verdad, unos fantasmas grandes con botellas de leche y trapos blancos, las piernas de una bruja en la entrada, un par de lápidas y hasta un pequeño túnel del terror, muy básico y con un tesoro delicioso.

Para cenar había dedos, momias, ojos… es decir salchichas, chistorra con hojaldre, mini pizzas, huevos… es increíble la cantidad de recetas que encontramos por Internet, y todo tan sencillo!
¿Y por qué hicimos esto? Porque si un niño decora una fiesta fabricando cada elemento, los monstruos, fantasmas y brujas ya no dan tanto miedo.

La siguiente batalla es vencer el pánico a los perros/animales. Fuimos a Faunia, la primera hora fue terrible, pero con mucha-muchísima paciencia, palabras tranquilas, confianza y mimos conseguimos pasar un día formidable, entramos en los pabellones oscuros sin llorar (Veneno, Sombras Silenciosas y Animales Bajo la Tierra) y tocamos cabras, canguros, ciervos y hasta ¡un dinosaurio de plástico!
Para vencer el miedo a los perros nos han aconsejado ir a los parques y acostumbrarnos a jugar con los perros alrededor. De vez en cuando acercarnos a alguno, pedir permiso al dueño y ver si podemos tocarlo.  Poco a poco lo conseguiremos.

Como veis todas las pautas son muy lógicas. Sobre todo, si un niño tiene miedo no te olvides que:
      - no hay que regañarle ni ridiculizarlo,
      - no te pongas nervioso/a porque te parezca una tontería,
      - y no tengas prisa porque se le pase.


También necesitan tiempo para crecer en confianza y madurez.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Despistes En 4D y Extremoduro

Si pasas por el Algarve con niños y dispones de tiempo, no dudes en visitar Zoomarine. Una mezcla de parque de atracciones, acuático y zoo. Recomendado para pasar un día completo y divertido.

Una de sus atracciones era un cine en 4D, con un documental sobre tortugas. ¿Qué es el 4d? Una película en 3 dimensiones (la de las gafas) donde se recrean las condiciones de lo que ves, como lluvia, viento, sol, olores (si, hija, si… hasta olores), etc. 

Entramos cuando estaba a punto de empezar, -“rápido, date prisa”, nos dan unas gafas especiales, -“siéntate donde sea”…
Los niños están un poco asustados y nos apretujamos. Tengo 2 pares de gafas en la mano. El de la puerta iba estresao y no se ha dado cuenta.
La peli no se ve bien. La tortuga es muy mona, aparece un tiburón y todos gritan. Nos mojan varias veces, nos soplan, nos deslumbran, el sillón se mueve, así unas cuantas gamberradas. Esto es ideal para un chaval de 7 años.
Aburrida en mi propia estupidez empiezo a jugar con las gafas. Se me ocurre ponerme los dos pares. –“Oye Fer, que con dos pares se ve mucho mejor, oscuro pero más nítido”. Fer me mira con su gesto de eterna paciencia: “estate quietecita”.
Cuando por fin termina, nos sacan por otra puerta. Un atractivo azafato de dientes perfectos nos espera con una caja para que dejemos las gafas. Le medio sonrío y pestañeo despacito (es tan mono) cuando oigo a Fer gritar: -“¿Pero qué haces? Insensata!!!!.
Doy un respingo, el azafato se ríe abiertamente mientras me devuelve mis gafas de sol: -“não se preocupe senhor, isso acontece muitas vezes”.
No puede ser, he estado en el cine con las gafas de sol puestas, todo el rato! Disfrutamos de las carcajadas.

Los despistes suelen aparecer con la edad, el exceso de estrés y/o el agotamiento emocional. La mayoría los aparcamos como pequeñas anécdotas. Pero a veces hay atender estos sucesos para saber cómo estamos realmente.

A finales de junio tenía entradas para ir al concierto de Extremoduro. Estaba emocionada por volver a ver en directo a mi grupo preferido. Si, reconozco que soy una cuasi-pija con la vena macarra. Cuando estábamos a punto de salir no encontré las entradas. Las busqué a conciencia por toda la casa y no aparecieron. ¿Imagináis la sensación?

No hubo problema. Esa noche, aprovechamos que mi hermana estaba de canguro para irnos de cena por Huertas y fue ella quien las vio enganchadas en la puerta de la nevera. Nos cambiaron las entradas y fuimos al concierto el 12 de septiembre en las Ventas. Una noche inolvidable. No paré de cantar, gritar y saltar porque Robe Iniesta me enloquece.

Y aunque todo salió perfecto me sirvió de lección. No puedo permitir que el estrés, el trajín diario o las preocupaciones me descontrolen de esa manera, así no se disfruta de la vida.

Ahora hago las mismas cosas pero más relajada ¿cómo? Ya os lo contaré en el siguiente post. Besos_