lunes, 23 de septiembre de 2013

Y Llegó La Última Boda Del Año



Nos invitaron a la boda de un amigo de Fernando. Él iba de testigo. Yo de invitada relajada y feliz; conocía a pocas personas pero sabía que era un evento muy especial, que nos iban a mimar en exceso y que iba a ser genial.

Encontré un vestido de Karen Millen (karenmillen.com) con el que me sentía guapa y cómoda. Ya sabes, una de esas prendas elegantes, con un puntito sexy pero sin tener que estar metiendo tripa todo el día.

Necesitaba un tocado; con la ayuda de Fernando encontré dos sitios muy interesantes mimoki.es, tiene una galería de fotos imprescindible para saber lo que hay y cómo queda (imágenes de clientas y amigas). Y taneke.com que ofrecen tocados personalizados (venta y alquiler). 

Pero fue imposible, conseguimos 2 horas libres para un montón de recados así que fuimos a El Corte Inglés de Castellana. Al principio estaba un poco desilusionada porque no veía nada digno. Pero apareció una dependienta, le contamos lo que queríamos, y miró atentamente mis rizos alborotados. No me iba a dar tiempo a ir a una peluquería así que además de maravilloso, necesitaba algo fácil. Dicho y hecho. Fue directa a una vitrina y sacó una discreta diadema con un tocado monísimo. Y el resto de tareas igual de eficaces.

No sé por qué siempre dejo El Corte Inglés como última opción, al final consigo todo lo que quiero, con diferentes alternativas de precios y marcas. Esto es de agradecer, sobre todo cuando vives en una ciudad grande, quieres sacar adelante tu nuevo trabajo, cuidar de los nenes, disfrutar del marido, tener la casa mona, quedar con las amigas… bufff otra vez el agotador complejo de súper-woman… esto nos da para otro post ;-)


Imagen de Hostal Castilla Aranjuez
Llegó el día de la boda y nos fuimos a Aranjuez. Nos alojamos en el Hostal Castilla (hostalesaranjuez.com), un lugar sencillo y tranquilo para cambiarnos de ropa y descansar después de la fiesta. Sorprende el patio interior, muy cuidado y repleto de plantas, una corrala de lo más castiza que te arrastra a los tiempos de Fortunata y Jacinta (pero con wifi).

 La boda: ceremonia muy emotiva, con coro gospel que nos puso los pelos de punta, lo más original fue sustituir el arroz / pétalos por pequeñas pompas de jabón (y muy divertido), éramos muchos pero muy bien organizados por unos hombres de negro y pinganillo en la oreja… ¿?... lo malo es que no bailaban. La comida y bebida excelente por calidad, cantidad y continuidad. Disculpad ¿no os conté que ha sido la boda más larga de mi vida? hablamos de aperitivos, comida, merienda, cena y chocolatito de antes de dormir. Muy acertados los protege tacones para el césped y un sinfín de detalles que hacían que te sintieras como en casa. Y bailamos durante horas con un grupo en directo y un par de DJ’s. El resto se queda para los que estuvimos allí.


Desde aquí un abrazo grande para los novios, espero que sean muy felices y sobre todo que algún día repitan la boda!


domingo, 8 de septiembre de 2013

De Vuelta Al Cole

Cuenca - Río Júcar - verano 2013
Por fin se acabaron las vacaciones.

Este año he disfrutado muchísimo de mis dos nenes. Por temas de trabajo no he coincidido con Fernando, así que con ayuda de mis familiares y con mucha fe en el comportamiento de mis chicos me aventuré a pasar 15 días en Islantilla y el resto repartido entre Cuenca y Madrid.

Nos lo hemos pasado genial. Casi, casi perfecto… Nico se llenó de piojos, utilicé un par de productos infalibles, champú, liendreras, vinagre y cuando estábamos a punto de ser portada del National Geographic decidí cortarle el pelo. Adios piojos.

Por mi parte, además de echar de menos los mimos de mi maridito, sólo sufrí un repentino brote de acné. A mi edad, esto combina fatal con las primeras (y segundas) arrugas. Supongo que fue por las “fritangas chiringuiteras” de cada día. Lo único que conseguí que me aliviara un poco, fue la crema del culo de Johnson de Alberto. Y las risas que me pasé con Nicolás cada vez que salía del baño con la cara llena de parches blancos.

Pero al final tanto coche y tanto hotel cansa. Todos necesitábamos un poco de nuestra rutina. Y aquí estamos, retomando nuestros horarios, comidas y sobre todo la convivencia.

La vuelta al cole está siendo un poco pesada. La semana pasada tuvimos 4 reuniones escolares, así que nos repartimos las tareas. Personalmente, he acabado hasta los pelos del trato que nos dan a los padres: sobreprotegemos a los niños tanto-tanto que casi ni saben andar ni comer ni nada… ¿? tenemos que marcar la ropa y el baby y el abriguito y la ropita interior y la mochila y los pañuelos de papel y el vasito del agua… no sabemos tratarles, no sabemos educarles, les castigamos mal y de postre la bromita de que la adaptación la necesitamos más las madres que los niños. Por supuesto tardan una hora y media en decir todo esto.

En realidad, en mi entorno no existe ninguna madre que cumpla estas críticas. Si hay alguna un poco petarda pero no llega al extremo de necesitar adaptación para que su niño vaya al cole.

Señores míos: quizá no nos entiendan. Quizá estamos encantadas con que los niños vayan a la escuela. A ser posible en horario completo desde el primer día. Quizá nuestra adaptación consista en un par de días en casa a solas para descansar y para organizarnos hasta nuestra vuelta al trabajo que suele ser mucho antes que la suya.


Y nadie quiere a sus nenes como quiero yo a los míos y cómo los disfruto. Pero también me quiero a mí. Y a veces me echo de menos.

viernes, 12 de julio de 2013

Cosas Que Ocurren Cuando Tú No Estás

Fer se fue el domingo pasado por viaje de trabajo. Quedarte sola durante 5 días con la casa, los niños y el trabajo no es complicado si todo transcurre con normalidad. Pero ¿qué es la normalidad?

Cosas que ocurren cuando tú no estás

● Lunes: me encuentro con una lista de recados a realizar que hace que me reorganice el trabajo de la semana. No sé por qué, cuanta más prisa tienes más despacio van las acciones burocráticas.

Estalla una tubería en el cuarto de instalaciones. Y tuve suerte. Estuve toda la mañana fuera de casa con los recaditos y se rompió justo cuando estaba comiendo. Cerré el agua y llamé al fontanero. Lo arregló en la misma tarde.

Alberto decide quitarse solito el pañal de la noche. Yo se lo pongo, él se lo quita. Como tiene calor no para de beber. Y no para de hacer pis. Podría considerarse una segunda inundación. Esta vez no vale con llamar al fontanero.

● Martes, día intenso de trabajo, no me da tiempo a recoger a los niños. Llamo a mi padre para que vaya a buscarlos.

Malas noticias, ingresan a una de mis hermanas. Se recuperará pero la preocupación no se va y hay que buscar tiempo para ir a verla. Mi niña que ganas tengo de verte.

Por la noche, después de cenar, tengo que seguir trabajando un poco. A los cinco minutos de estar delante del ordenador se va la luz. Los niños duermen y el silencio es absoluto. Tengo que bajar al sótano a ver qué ha pasado. No me atrevo. Salgo a la calle. Sólo veo a uno de los vecinos de enfrente. Es un señor encantador durante todo el año menos en verano, está en la puerta fumándose un cigarro mientras el perro sale disparado en busca de un árbol. Está en calzoncillos. Con una increíble tripa cervecera bañada de canas. Rascándose. Intento convencerme de que va en bañador y que no es para tanto. ¿Le llamo? ¿para qué me acompañe al sótano porque está oscuro? Para eso necesito un apagón en mi cerebro. Cierro la puerta y bajo corriendo como una loca. No veo nada raro. No veo nada. Salgo de nuevo al jardín oigo a mi vecino de al lado y le llamo. El apagón es general. Toda la zona está sin luz.

45 minutos más tarde todo vuelve a la normalidad. Termino de trabajar a la 1:30 h. Mis hijos me levantan a las 6:00 h.

● Miércoles, me voy de viaje. Voy y vuelvo a Mérida en el día. Cerca de 700 kms. Todo va tranquilo. Sólo estoy cansada, paro cada 100 km para no dormirme.
Cuando llego a casa, mi tía y mi padre (que cuidaban a mis pequeños) me informan que Nicolás está con fiebre.

Oímos un ruido grande y desconocido. Algo se ha caído. Después de mucho buscar me doy cuenta que la moto de Fer está tirada en el suelo. Justo donde estaba apoyada la pata hay un agujero ¿se ha derretido el asfalto? Nos cuesta levantarla y ponerla en lugar seguro.
Pasamos toda la noche con antitérmicos, agua y besos.

● Jueves: Alberto descubre cómo conectar la alarma. Al primer movimiento salta ese ruido ensordecedor que no sé apagar. Después de un rato salta la llamada de la central. Se oye por toda la planta. Mi niño se fascina por tanto ruido y alboroto. Y por mi cara, supongo. En cuanto me descuido repite la operación. Paso un rato dando explicaciones a la señora de seguridad y decido esconder el mando.
Y el resto del día médico, recados, fiebre y reorganizar lo que queda de semana.

● Viernes. Por fin es viernes. Creo que el viernes más deseado de mi vida. Hoy regresa Fernando. Hoy podré ver a mi hermana.


Me miro en el espejo y creo que esta semana he envejecido. Pero estoy contenta. Al final todo ha salido bien. Mañana tengo una boda en Zamora. Ojala esta noche aparezca una hada madrina con su varita mágica y me ayude con las maletas y mi cansancio.

miércoles, 3 de julio de 2013

Hora de Dormir

Nicolás y Alberto se acuestan a las 20:30 h. Si te da envidia sigue leyendo.
Hay bebés que duermen como marmotas desde que nacen, no fue nuestro caso.

Cuando nació Nicolás leímos dos libros que recomiendo:
- Duérmete, niño de Eduard Estivill que dice que hay que enseñar a dormir y explica un proceso de disciplina cronometrada.
- Bésame mucho de Carlos González (de veras, no os perdáis este libro), habla de educar con amor, con muchos besos y abrazos. También habla del sueño y dice que no es una conducta aprendida.

Son puntos de vista muy diferentes pero lo interesante está en leerlo todo y adaptarlo a tu día a día, a tu realidad. No todos los bebés son iguales por lo tanto no hay una regla ideal general.

De entrada nosotros somos más del estilo de Carlos González. Rechazamos de forma radical y racional los métodos de Estivill. Pero los primeros 6 meses de Nicolás fueron agotadores. Por las noches o se quedaba en su hamaca en el salón con nosotros, o nos turnábamos para pasearle en brazos, pasillo arriba, pasillo abajo, al ritmo de “había una vez un barquito chiquitito” hasta pasadas las 23 h… un desastre.
Cuando estás tan cansado no disfrutas de tu bebé como deberías.

Decidimos probar la técnica Estivill pero a mi manera. Le explicaba que había que dormir en la cama con mucha dulzura, cantaba un par de canciones y me iba. Acto seguido mi churumbel se ponía a llorar, gritar y decir “mamaaaaa” en el tono lastimero más melodramático del mundo. Pasado un rato entraba en su cuarto, le calmaba y sí, a veces le cogía aúpa y me lo comía a besos… y vuelta a empezar: “Nicolás tienes que dormir en tu camita”.
Ellos tienen que intentar salirse con la suya y tú tienes que poner unos límites.

El primer día tardé un montón en ganar. No compensaba. El segundo día tuvimos 3 combates cortos pero el tercer y cuarto día entendió que llorar no servía y se durmió. En menos de una semana conseguí acostarle (con canciones, besos y mil mimos), dejarle despierto en su camita y que se durmiera tranquilamente.

Pero se acabó la guardería y empezó el colegio. En noviembre nos citó su profesora. Nicolás se dormía en la comida hasta meter la cara en el plato. Toda orgullosa le dije que mi niño dormía y que a las 21:30 ya estaba en su cama.
Nunca olvidaré la expresión de la profe. Como si acabara de morder un limón, los ojos como platos y sus palabras contenidas. Parece ser que cuando entran en el cole de mayores sufren un cambio muy grande con ¿estrés? y eso les agota. Que le acostara a las 20 h.

Acepté las 20:30 h y fue fácil, cada día le adelantaba 10 minutillos su desfile al catre y no notó nada.
Hoy mis nenes de 4 y medio y 2 y medio (si no añado lo del “medio“ Nicolás se enfadará muchísimo) empiezan su ritual pasadas las 20. Se lavan los dientes, leemos un par de libros y a dormir.

Alberto, mucho más rebelde, intenta torearme un poco cada noche. Le dejo que me pida un máximo de 3 deseos: leche, pis, tápame, un beso, un muñeco… a elegir… pero si se pasa le dejo gruñendo un rato. Ya se encarga su hermano de poner orden.


Y seamos sinceras: para los nenes esto es ideal pero para los padres es fundamental. Tener todos los días un rato para cenar, hablar, disfrutar de tu pareja, del tiempo y del silencio. No tiene precio.

miércoles, 19 de junio de 2013

Un Exfoliante Natural y los Pies de la Merkel

Hace unos días escribí un post sobre cómo mimar las manos. Mi hermana Rosa quiere añadir un truco casero para que “queden como la seda”.

- Lavar las manos con mucho jabón, cuando estén llenas de espuma coge un puñadito de sal y frota una y otra vez por todas partes. Aclarar.

La semana pasada, en uno de esos días de calor tan intensos, saqué mis sandalias del verano. Mis pies estaban secos, con ese color blanco nuclear que parece que irradia luz. Ridículos.
Estas cosas nos pasan a muchas mamis, por falta de tiempo sigues la política de “si no se ve puede esperar”. Y luego pasa lo que pasa.

Descarto la moda alemana de llevar calcetines con sandalias. Me sorprendo a mi misma imaginando los pies de la Merkel. Mejor me doy una buena mano de crema, aunque soy consciente que su efecto hidratante va a durar lo que salgo a la calle.

Me despierto con la mente acorchada. Mi pie tantea el suelo en busca de una zapatilla… y ahí están, como si fueran una aparición: los pies de la Merkel.

Cojo la sal y me meto en la ducha murmurando una retahíla de blasfemias. Esto se va a acabar. Me enjabono ambos pies procurando no perder el equilibrio y me froto con la sal. Me gusta. Es relajante y da un cosquilleo muy agradable.
Decido seguir subiendo por las piernas y como me sobra sal sigo hasta las orejas. Acabo como un muñeco de nieve rebozado y después del aclarado muy suave y “resalá”.
De veras, tenéis que probarlo es un exfoliante fantástico.

Adiós Ángela.


miércoles, 12 de junio de 2013

El Huerto de mi Casa es Particular

En las fotos que he subido hoy hay dos lechugas, rabanitos y guisantes.
Ya no existen. Me los he comido. Y si, estaban muy buenos. Estaban requete-buenos. Espera que no me estoy explicando bien, estaban tan buenos que el sabor era distinto al que estamos acostumbrados. Esto me llena de orgullo, pero también de preocupación ¿qué es lo que estamos comiendo?

Todo esto empezó gracias a Belén, mi prima política hippy. ¿Y quién no tiene un hippy en la familia? Mi Belén además, es práctica e inteligente. Unas navidades nos habló de un huerto que hacía con sus amigos, cómo lo tenían planeado, el por qué, los resultados esperados, etc.

Unos meses más tarde me envió un pdf titulado El Balcón Comestible, un artículo genérico que anima a cultivar cualquier hortaliza como una afición más. Si tu balcón o terraza es muy pequeña no pasa nada, hay soluciones para plantar de forma vertical, seguras y divertidas. Si me dices que las plantas se te dan muy mal no pasa nada, hay plantas que crecen casi solas como el ajo, el haba, el tomate, el rábano, la calabaza... incluso si me dices que es que eres muy tiquismiquis y necesitas orden y control hasta en las macetas, entonces puedes dedicar tu balcón exclusivamente al cultivo de aromáticas o condimentarias. Te quedará monísimo.

Nos mudamos el verano pasado. La novedad de la casa y de tener un pequeño jardín más toda la información sobre huertos urbanos (muy de moda en internet) fue un cóctel explosivo.

En la ventana de la cocina tengo todo tipo de esquejes, hierbabuena, menta, perejil y orégano.
En la cubierta de la casa hemos puesto unos cajones de tierra y sin criterio y a lo lo loco estamos cultivando: habas, guisantes, ajos, cebollas, judías, zanahorias, tomates, pimientos verdes, puerros, lentejas, rabanitos y melones.
En la entrada crecieron las lechugas en una jardinera (no había más espacio) al lado de la pequeña higuera.
Todo en un espacio ridículo, pero teníamos un montón de semillas y no creíamos que fuera a salir nada. Error. Después de la tremenda primavera que acabamos de pasar da gusto ver mis plantas. Y no sólo verlas. También comerlas.

Ya os podéis imaginar las dos ensaladas que hicimos con las dos lechugas y los rabanitos. Pero lo de las habas fue increíble. Con una cebolla, un poco de jamón picado, unos huevos escalfados y una montaña de habas troceadas (vaina incluida). Fue plato único para una cena de 4 comensales. Se me hace la boca agua al recordar el sabor.

Si tenéis la oportunidad de cultivar cualquier cosa hacerlo. De verdad, ni lo pienses. Lejos de convertirse en una obligación ayuda a quitarse estrés y es muy grato.





miércoles, 5 de junio de 2013

Perdemos a Alberto en el Parque del Retiro

El domingo fuimos de paseo al Retiro con unos amigos. Estuvimos en los jardines de Cecilio Rodríguez admirando los pavos reales. Después caminamos hasta los columpios, en una zona que parecía un poco más tranquila. Los niños empezaron a jugar a tirarse encima de su padre que estaba sentado en el césped. Se turnaban para treparle por la espalda.
Pensé que era una broma, cuando me pregunta Fernando ¿dónde está Alberto?
- Cielo, jugando con tu espalda.
- Ya, si es su turno pero no le veo.

No es la primera vez que Alberto sale corriendo en dirección contraria. Pero si es la primera vez que lo hace en un lugar lleno de setos, recovecos y mil direcciones distintas para escapar.

Nos levantamos al instante, no podía estar lejos pero este chico es muy rápido y no tiene miedo. Decidimos separarnos, los minutos pasaban y Alberto no aparecía. Sentía mi cuerpo cada vez más tenso. Caminé unos metros para ver detrás de una caseta y vi uno de esos paseos interminables del Retiro, lleno de gente, puestos, títeres, etc…

Angustia. Me paré en un kiosko de chucherías para preguntar si había algún lugar de niños perdidos. La mujer me miró muy seria: - Chica, llama al 092. Ya.

Y en ese momento empecé a llorar. Llamé al 092 sin parar de llorar. Apareció un coche policía, al que le di mi teléfono y descripción: niño de dos años y medio, me llega por la mitad de la pierna, castaño claro, ojos marrones, muy listo, con vaqueros y camiseta azul, sabe su nombre y dos apellidos… (horror, la descripción era la de cualquier niño), se acercaron los patinadores y algunas personas, unos ya estaban buscando al pequeño, otros se ofrecían voluntarios.

Seguía llorando pero lo veía muy claro: las desventajas se convierten en ventajas, es imposible encontrar a un niño entre mil personas pero es más probable encontrarle si le buscan la mayoría.
Busqué. Buscamos. De vez en cuando se cruzaba en mi mente el recuerdo de alguna noticia terrible del telediario que apartaba a patadas de mi cabeza para centrarme en mi único deseo y obligación.

Pasaron más de 30 minutos, una falsa alarma y muchos nervios pero al final sonó el móvil. Una pareja que podrían ser los abuelos de Alberto se dieron cuenta de que iba paseando solo. Recorrió cerca de 300 metros. Le dieron conversación hasta que le encontró la hermana de una amiga. La pareja no quiso separarse de mi niño hasta conocerme (no les valió conocer sólo al padre, teníamos que estar los dos!!!) y me contaron toda su aventura.

El encuentro fue muy emotivo, qué os voy a contar. Yo me relajé al momento, paré la búsqueda y di gracias a todo lo que se movía. A algunas patinadoras se les saltaba las lágrimas al ver al mini fugitivo y Fer, que hasta el momento había mantenido la calma, tardó un día y medio en asimilar y superar lo sucedido. Nunca le había visto beberse un vaso lleno de whisky de un trago.

Alberto parecía encantado con su aventura. Nos preocupó verle tan tranquilo. Hasta que llegó la noche. En su cama lloró y me abrazó fuerte. Espero que esto nos sirva de lección a todos.


Desde aquí quiero agradecer (infinito) toda la ayuda y apoyo: al 092, a la patrulla del Retiro, a los patinadores, a los que fueron a pasear tranquilamente y vieron alterada su tarde, a nuestros amigos y a mi Nicolás, que a pesar del susto se comportó como un hombrecito.