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miércoles, 3 de julio de 2013

Hora de Dormir

Nicolás y Alberto se acuestan a las 20:30 h. Si te da envidia sigue leyendo.
Hay bebés que duermen como marmotas desde que nacen, no fue nuestro caso.

Cuando nació Nicolás leímos dos libros que recomiendo:
- Duérmete, niño de Eduard Estivill que dice que hay que enseñar a dormir y explica un proceso de disciplina cronometrada.
- Bésame mucho de Carlos González (de veras, no os perdáis este libro), habla de educar con amor, con muchos besos y abrazos. También habla del sueño y dice que no es una conducta aprendida.

Son puntos de vista muy diferentes pero lo interesante está en leerlo todo y adaptarlo a tu día a día, a tu realidad. No todos los bebés son iguales por lo tanto no hay una regla ideal general.

De entrada nosotros somos más del estilo de Carlos González. Rechazamos de forma radical y racional los métodos de Estivill. Pero los primeros 6 meses de Nicolás fueron agotadores. Por las noches o se quedaba en su hamaca en el salón con nosotros, o nos turnábamos para pasearle en brazos, pasillo arriba, pasillo abajo, al ritmo de “había una vez un barquito chiquitito” hasta pasadas las 23 h… un desastre.
Cuando estás tan cansado no disfrutas de tu bebé como deberías.

Decidimos probar la técnica Estivill pero a mi manera. Le explicaba que había que dormir en la cama con mucha dulzura, cantaba un par de canciones y me iba. Acto seguido mi churumbel se ponía a llorar, gritar y decir “mamaaaaa” en el tono lastimero más melodramático del mundo. Pasado un rato entraba en su cuarto, le calmaba y sí, a veces le cogía aúpa y me lo comía a besos… y vuelta a empezar: “Nicolás tienes que dormir en tu camita”.
Ellos tienen que intentar salirse con la suya y tú tienes que poner unos límites.

El primer día tardé un montón en ganar. No compensaba. El segundo día tuvimos 3 combates cortos pero el tercer y cuarto día entendió que llorar no servía y se durmió. En menos de una semana conseguí acostarle (con canciones, besos y mil mimos), dejarle despierto en su camita y que se durmiera tranquilamente.

Pero se acabó la guardería y empezó el colegio. En noviembre nos citó su profesora. Nicolás se dormía en la comida hasta meter la cara en el plato. Toda orgullosa le dije que mi niño dormía y que a las 21:30 ya estaba en su cama.
Nunca olvidaré la expresión de la profe. Como si acabara de morder un limón, los ojos como platos y sus palabras contenidas. Parece ser que cuando entran en el cole de mayores sufren un cambio muy grande con ¿estrés? y eso les agota. Que le acostara a las 20 h.

Acepté las 20:30 h y fue fácil, cada día le adelantaba 10 minutillos su desfile al catre y no notó nada.
Hoy mis nenes de 4 y medio y 2 y medio (si no añado lo del “medio“ Nicolás se enfadará muchísimo) empiezan su ritual pasadas las 20. Se lavan los dientes, leemos un par de libros y a dormir.

Alberto, mucho más rebelde, intenta torearme un poco cada noche. Le dejo que me pida un máximo de 3 deseos: leche, pis, tápame, un beso, un muñeco… a elegir… pero si se pasa le dejo gruñendo un rato. Ya se encarga su hermano de poner orden.


Y seamos sinceras: para los nenes esto es ideal pero para los padres es fundamental. Tener todos los días un rato para cenar, hablar, disfrutar de tu pareja, del tiempo y del silencio. No tiene precio.

viernes, 3 de mayo de 2013

La miel y mis nenes



Al comienzo del invierno pasamos por una larga y aburrida etapa de infecciones. Cada semana iba al pediatra con uno de mis nenes. O con los dos. Faringitis, placas, un poco de otitis, más placas. Lo de siempre, mucha fiebre, tos y mocos.
Se recuperaba uno y caía el otro y así durante 1 mes y pico.

Cuando ya estaba empezando a desesperar leí un artículo sobre la miel escrito por un pediatra. Era una llamada de atención a las mamis y abuelos. Parece ser que tenemos costumbre de ir al médico, cuando nuestros retoños tienen muchos mocos o “porque le suena un poco el pechito”, en busca de un jarabe estupendo.
Este pediatra alertaba del peligro del uso continuado y exagerado de estos jarabes. A cambio nos daba algunas alternativas. Entre ellas la miel.
Dar miel a nuestros nenes a cucharadas, no diluida. Siempre y cuando el niño no tenga alguna intolerancia o alergia a este alimento, lógico ¿no?

No era exactamente nuestro caso. Nicolás y Alberto no ponen un pie en el médico si no han pasado más de 24 h con más de 38ºC de fiebre continuada. Pero sí estaban tomando muchos jarabes y esto no me gustaba. 
Le comenté a José Luis (mi pediatra) el tema de la miel y le pareció buena idea. 

Soy demasiado escéptica para afirmar que gracias a la miel mis chicos no se han vuelto a poner malitos. Pero seguro que en algo ha colaborado porque en estos últimos 6 meses no hemos pasado ni un simple catarro. En cuanto veo aparecer un moco saco la miel. Y mis chicos tan contentos.

He cotilleado por el google las propiedades de la miel y son muchas más de las que creía, hay quien le llama el antibiótico dulce porque ayuda a mantener alejadas las infecciones, aumenta la energía natural, alivia el ardor de estómago y los dolores de úlcera, cura heridas y quemaduras, alivia alergias, es eficaz contra el estreñimiento, el insomnio y el estrés, antioxidante, anti-cancerígeno, alimento prebiótico, para la tos y suaviza la garganta y la piel, previene y trata enfermedades respiratorias, etc... ¿alguien conoce algún alimento más completo?